¿No sabes cómo declararle tu amor
a esa persona especial?
Ésta conciencita enamora.
La soledad es el imperio de la conciencia.
Gustavo Adolfo Bécquer
{...Pero ya no más con la Conciencita Amorosa}
Fórmula del amor:
A= (a+i+x) k. El amor es igual al apego afectivo (amor materno, escolarización...), más la inversión parental (construcción del nido), más la resistencia metabólica (vida emotiva y sexualidad), todo ello afectado por el entorno institucional (soporte social)
Uno de los grandes descubrimientos de la psicología moderna ha sido, justamente, identificar las repercusiones indudables que tiene para la vida del adulto lo que haya acaecido en ese entorno familiar inicial.
En función del grado de apego se genera mayor o menor autoestima y seguridad en uno mismo. Éstos rasgos de carácter, son esenciales para comportarse provechosamente en el siguiente entorno: el de la escuela y el comienzo de las interrelaciones sociales.
Si este segundo entorno prolonga los resultados positivos del cuidado maternal, se pasará al último y definitivo –la conquista del amor del resto del mundo, según William James– con ánimo de seguir explorando relaciones o, al contrario, con predisposición al rechazo o, en el peor de los casos, con ánimo de destruir el mundo que nos rodea (un psicópata).
¿Cuál es tu capacidad de amar? Haz el test.
La emoción amorosa es, esencialmente, biológica. De la misma manera que las emociones, al márgen de las culturas adquiridas, son básicas y universales, en el amor juegan un papel preponderante los factores evolutivos.
Lo contrario del amor no es el odio, sino el desprecio. Somos animales con emociones mezcladas (amor y odio a la vez). Pero donde hay desprecio no puede haber amor. La gente antes de despreciar a alguien debería pensárselo, porque daña su propia capacidad de amar.
¿Se sabe algo sobre cómo se enamora la gente?
El descubrimiento más reciente e insólito se lo debemos al neurocientífico mexicano Ranulfo Romo, tras años de investigaciones con monos rhesus.
Ante un estímulo externo –una mujer muy guapa e inteligente o un hombre muy esbelto e inteligente–, la parte primordial del cerebro activa una sensación de bienestar. Para que esta sensación se transforme en un sentimiento de amor o felicidad hace falta que el pensamiento se ponga a hurgar en la memoria, en busca de datos o recuerdos similares. Es una búsqueda frenética e instantánea en el pasado. Tan es así que –de acuerdo con Ranulfo Romo– no existiría el mundo sin memoria. En cierto modo, todo es pasado. Si la mente no encuentra en la memoria nada que pueda compararse en belleza, sentimientos o capacidad de amar al estímulo externo, entonces nace el amor que fusiona a la pareja.
Para enamorarse hay que buscar en la memoria y comparar
¿Existe nuestra media naranja? ¿Y si vive en algún lugar y nunca llegamos a conocerla?
Existe. Cada ser es único, pero la pareja se elige con criterios como la simetría, cánones universales de belleza... Es decir, familiaridad con los promedios más que con las singularidades. Para hallar esos criterios no hace falta recorrer medio mundo.
*Información de Eduard Punset {para variar}

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