lunes, 18 de febrero de 2008
El inconsciente colectivo
La teoría de Jung establece que existe un lenguaje común a los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, constituido por símbolos primitivos con los que se expresa un contenido de la psiquis que está más allá de la razón.
El inconsciente colectivo ha sido definido muy esquemáticamente como el sustrato que se ubica por debajo del inconsciente personal que a su vez estudió Sigmund Freud, con el que estuvo relacionado Jung en los primeros años del siglo XX, hasta que rompió con él a causa de sus divergencias sobre este y otros aspectos.
Jung no se interesó demasiado por explicar si lo inconsciente colectivo está por debajo o por encima del inconsciente individual. Sin embargo, sus divulgadores le dieron la categoría de "profundo" con la que habitualmente se lo relaciona. Lo que sí precisó Jung es que lo inconsciente colectivo está vinculado con los instintos. Éstos son necesidades fisiológicas, pero al mismo tiempo también se manifiestan en fantasías y con frecuencia revelan su presencia sólo por medio de imágenes simbólicas. Para Jung, el contenido de los sueños es siempre simbólico.
Los arquetipos
Los arquetipos son en realidad una tendencia a formar representaciones sobre un modelo básico que puede variar constantemente y que produce asombro y desconcierto cuando aparece en la consciencia. Los arquetipos que él mismo señalaba como principales eran el ánima, o principio femenino, y el animus, principio masculino. La sombra era para Jung un arquetipo básico, que designaba justamente lo desconocido e inexpresable, es decir, el propio inconsciente colectivo.
¿Cómo funciona la conciencia?
Algo de estos pensamientos recogen aquellas cartas de algunos lectores que sugieren descender a las moléculas, a las partículas, a lo más fundamental –los mimbres de todo lo que vemos y sentimos– para entender no sólo nuestros esquemas organizativos, sino nuestra propia conciencia. Lo escalofriante de este viaje es que, al final, hay mucho más vacío que otra cosa.
Guardando las proporciones, la distancia de un electrón al núcleo de un átomo de los que estamos hechos es similar a la que separa la grada de los aficionados al fútbol del centro del campo. Un organismo vivo está hecho, básicamente, de vacío. Y el espacio, casi enteramente. Nuestra inteligencia se mueve en ese vacío. Apenas estamos empezando a saber cómo funciona. Hemos descubierto la importancia de dos conceptos que, hasta hoy, subvalorábamos: el pasado y el inconsciente. Y todo es pasado y casi todas nuestras decisiones son fruto del inconsciente.
Al pasado lo llamamos Historia y habíamos dedicado unas cuantas mentes preclaras a escrutarlo. No mucho más. Para todos parecía evidente que el presente y el futuro eran lo importante. En relación a cada mente individual, la reacción frente a un estímulo exterior –una cara o un edificio hermoso– viene dada por las grabaciones neuronales de eventos parecidos en el pasado. Percibimos algo, pero lo que visualizamos está impregnado de nuestra propia historia. ¡Increíble!
En cuanto al subconsciente o a las emociones allí alojadas, no creíamos que interferían con nuestras vidas. Cuando lo hacían, era un signo de debilidad. Durante el resto del tiempo había que ocultarlas para que no afloraran las expresiones faciales correspondientes, segarlas para que no ensombrecieran la razón, sacrificarlas en aras de convenciones sociales firmemente arraigadas en el pasado.
Ahora descubrimos, horrorizados, que no tomamos una sola decisión que no esté influenciada por las emociones que hierven en el subconsciente. Y lo peor de todo, constatamos que nadie nos ha enseñado a gestionarlas. Hemos aprendido un mar de cosas sin sentido, pero no sabemos cómo incidir sobre nuestra conducta cotidiana gestionando mejor lo único, o casi lo único, que la determina.
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Activación
Para activar a tu conciencita debes ponertela en la oreja, y girar hasta que empieces a marearte.
Esto hará que el líquido en tus oídos, la endolinfa (el que mantiene el equilibrio) emita una vibración que despertará a la conciencita de su letargo.
Mientras giras debes de pensar en lo que quieres que te ayude la conciencita.
Es recomendable no marearse tanto, de lo contrario la conciencita también se mareará y tal vez esté demasiado atontada como para entenderte algo.
Equilibrio
Al mover la cabeza, el líquido se desplaza sobre los cilios y los arquea; este estímulo produce impulsos nerviosos que se transmiten al cerebro indicándole el cambio de posición.
Por su parte, el caracol, justo abajo de estos canales, mantiene el equilibrio estático.
Los decibeles
Cada vez que un ruido aumenta 10 decibeles, significa que multiplica por diez su volumen, así un sonido de 40 decibles que 10 veces mayor que uno de 30.
A un ruido apenas audible corresponden 10 decibeles.
Aún no se ha podido precisar los decibeles que emite la voz de la conciencita común, pues suele variar por temporadas y también está sujeta a estados mentales y anímicos.
tic tac de un reloj 20 decibles
ruidos del campo 50 decibles
conversación normal 70 decibeles
claxon cercano 100 decibeles
Frases de conciencia
Cicerón
No hay teatro mayor para la virtud que la conciencia.
Cicerón
La conciencia del poder crea poder. Poseemos aquello de que somos conscientes.
O. S. Marden
La conciencia es una inquilina que grita siempre, pero con la cual, salvo en casos graves, uno termina por entenderse.
J. Normand
La conciencia es el mejor libro de moral que tenemos.
Pascal
La conciencia vale por mil testigos.
Quintiliano
Conciencia ancha, la bolsa ensancha.
Anónimo
A veces, lavándonos las manos, nos ensuciamos la conciencia.
Anónimo
Ciencia sin conciencia sólo es ruina del alma.
François Rabelais
El honor es la conciencia externa, y la conciencia, el honor interno.
Arthur Schopenhauer
El infierno del malvado es ser reducido a vivir sólo consigo mismo; ése es precisamente el paraíso del hombre de bien, y no hay para él espectáculo más agradable que el de su propia conciencia.
Jean-Jacques Rousseau
El ruido es el medio convencional establecido para sobrepasar la voz de la conciencia.
Pearl S. Buck
En la mayoría de los hombres la conciencia es una anticipación de la opinión ajena.
John Henry Taylor
La buena conciencia es la mejor almohada para dormir.
Sócrates
La conciencia de un hombre recto se ríe de los engaños de la fama.
Ovidio
La conciencia es la presencia de Dios en el hombre.
Victor Hugo
La conciencia es la voz del alma; las pasiones son la voz del cuerpo.
Jean-Jacques Rousseau
La conciencia vale por mil testigos.
Marco Fabio Quintiliano
La historia es el progreso de la conciencia de la libertad.
Georg Hegel
La mayoría de las personas adquiere la conciencia donde se acaban sus privilegios.
Haile Selassie
La soledad es el imperio de la conciencia.
Gustavo Adolfo Bécquer
La vanidad propia le dice al hombre qué es el honor. La conciencia le enseña qué es la justicia.
Walter S. Landor
Para mí, el éxito es tener conciencia clara y plena del trabajo bien hecho
Carlos Cano
Un filme puede ser bueno, mediocre o pésimo. Pero nunca debe estar realizado contra la conciencia, los pensamientos y la ideología del autor.
Luis Buñuel
Míticas orejas

A lo largo del tiempo los oídos han sido objetos de diversas supersticiones. Los griegos y otros antiguos creían que las orejas radicaba la inteligencia. Las orejas pequeñas se consideraban señal de tacañería o refinamiento.
En contraposición, las orejas grandes indicaban, según el caso generosidad o rudeza. Si a una persona le zumbaban, le picaban o le ardían las orejas, podía estar segura que en alguna parte se estaba hablando de ella; mal, si la sentía en el oído izquierdo, y bien, si venía del lado opuesto.
También se dice que si frotas tus orejas con los dedos ensalivados tendrás buena suerte.
Un estudio reciente demuestra que la forma de las orejas única en cada persona y podría constituir un buen medio de identificación porque no varía en todo el transcurso de la vida.
La conciencia
La actividad de la conciencia o mundo interior, puede contribuir a explicar porque no somos iguales a nuestros antepasados y porqué solemos decir que tenemos una mente única, distintas opiniones y emociones variables. Cada generación será el producto de miles de mentes y ejercerá asimismo su influencia sobre la generación que la sigue.
La conciencia, el entendimiento, el mundo interior, constituye un conjunto de funciones del cerebro, que se ha intentado explicar desde varias perspectivas. Está relacionada con conceptos tales como: mente, psique, percepción, razonamiento, inteligencia, aprendizaje, creatividad y muchos otros procesos cognitivos.
En términos filosóficos, es la facultad de decidir y ser actor de nuestros actos y responsables de las consecuencias que de ellos se siguen, según la percepción del bien y del mal.
La conciencia es el conocimiento inmediato que cada uno posee de su existencia, de sus actos y del mundo exterior. Nos permite conocer lo que ocurre en nuestra mente y quienes somos.
El yo es un objeto construido por los actos conscientes.
Los primeros en conocer la conciencia.
Aristóteles, fue uno de los primeros en estudiar la conciencia, le llamaba syneidesis, que puede traducirse como "el darse cuenta".
Durante el imperio romano, se abre espacio en la filosofía para el análisis de los contenidos de la conciencia, se llega al concepto de humanidad y se reflexiona sobre lo que significa el ser humano. Se pasa de esa manera a la idea de que somos una especie que posee un espacio único en el cosmos y que puede reflexionar sobre sí mismo.
Posteriormente, en la edad media, Santo Tomás retoma la idea con el concepto de cum-scientia, lo cual quiere decir cum alia scientia, o sea, la aplicación de la ciencia a lo que el hombre sabe o conoce. También expone tres tipos de conciencia: una conciencia psicológica, otra que es cognitiva y una tercera que es moral.
En la actualidad, hay una línea de trabajo basada en las neurociencias que señala que no existe la distinción mente-cuerpo, porque la consciencia es justamente una función del cerebro que desaparece al estar este órgano en coma o privado de vida.
El estudio de la conciencia ha pasado desde la metafísica a la biología, la medicina y recientemente a la interciencia que llamamos neurociencia, pero es evidente que aún no se encuentra el correlato neuronal o histológico para localizarla en el tejido cerebral humano
Para Vigotsky, la conciencia es el principal fenómeno de estudio para la psicología y más aún, en que es el objeto verdadero de estudio de esa ciencia. El comportamiento humano para poder ser estudiado requiere del meta-análisis de la conciencia puesto que en él hay mucho más que procesos biológicos, como es la subjetividad, los sentimientos, los cuales no son siempre ni aprendidos ni racionales.
En el siglo XVIII se hacían analogías entre el cuerpo humano y las máquinas de la época. Ahora se asimila de alguna manera al funcionamiento cerebral –la base del fenómeno de la conciencia- con el de los computadores, incluso empleando la jerga propia de esa disciplina, con términos como como programación; inteligencia artificial; respaldo de información, etc.
Todo esto solamente es una aproximación a un fenómeno que es producto de un órgano sumamente complejo, cuyo funcionamiento aún no entendemos pero que algún día lo será. El problema filosófico de la conciencia moral, por ejemplo, está lejos de ser desentrañado, porque es tan complejo como el de la conciencia psicológica. Reducir este fenómeno de enorme complejidad a un fenómeno físico, químico o biológico es un tanto simplista, si bien cada ciencia es capaz de aportar lo suyo al estudio de este fenómeno. La conciencia aún espera su Einstein que nos proporcione una teoría explicatoria.
Por último, talvez no existe una sola conciencia, sino un conjunto de conciencias que trabajan juntas.
