¿Buscas un brote irracional y
arrebatador de creatividad?
Esta conciencia te inspirará.
Las formas del arte pueden contemplarse además como una expresión de la conciencia y pueden a su vez afectar el desarrollo de la cultura de la cual emergen.
Se está comprobando que el porcentaje de creativos en el mundo del arte es mayor que en la comunidad científica. ¿Por qué? La respuesta tiene que ver con unos circuitos cerebrales que los neurólogos llaman ‘inhibidores latentes’. Cuando se activan esos circuitos, tendemos a filtrar y hasta eliminar toda la información o ruido ajenos a la tarea que estamos ejecutando.
Esos inhibidores latentes han permitido focalizar nuestra atención en una tarea en detrimento (en contra) de lo irrelevante, garantizando con ello la supervivencia de la especie.
Son unos circuitos cerebrales fabulosos para sobrevivir, pero –y éste es el nuevo y sorprendente hallazgo– incompatibles con el pensamiento creativo. Los artistas son más creativos que los científicos, simplemente, porque no les funcionan bien los inhibidores latentes. En lugar de concentrarse en el objeto de su investigación, sabiendo cada vez más de menos hasta saberlo todo de nada, los artistas mantienen la mente abierta al vendaval de ideas, coherentes o enloquecidas, que les llegan del mundo exterior.
Mi consejo no es tanto que nos esforcemos en ser creativos –se podrá o no incidir en nuestra estructura cerebral– como en saber distinguir entre el pensamiento creativo y el que no lo es en los demás. Desconfiemos de todos aquellos que tienen un mecanismo perfecto de inhibidores neurológicos. Y confiemos en aquellos cuyos defectos les permiten atender a los sentimientos de los otros, intereses diversos, realidades, así como desatender –por lo menos durante un rato– lo que es fruto exclusivo de los intereses o las ideas de uno mismo.
{Nada más cierto}

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